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Ergonomía: la ciencia del trabajo


La ergonomía es una ciencia heredada (como tantas) de la civilización griega; su etimología es “Ciencia del Trabajo”, y es la disciplina del diseño (y la medicina incluso) que estudia lugares de trabajo, objetos, herramientas, espacios… para que éstos se adapten lo más adecuadamente posible a las características psicológicas y fisiológicas de las personas, y a sus capacidades, para obtener la máxima funcionalidad y la máxima preservación de la salud de las personas.

 

A partir de la segunda guerra mundial se impulsó en gran manera, con el desarrollo de la maquinaria como elemento de trabajo y el impulso armamentístico, llegando a su máximo exponente con la carrera espacial, adaptando equipos y utensilios al mejor uso humano en condiciones extremas. Llegando hasta la actualidad, la era de la biomecánica, en que se ha incorporado integralmente a los conocimientos básicos de arquitectos, ingenieros, diseñadores industriales…. También las normativas incorporan cada vez más criterios ergonómicos en las homologaciones de objetos y espacios, y, hoy en día, la adaptación de objetos o espacios a personas con limitaciones físicas constituye un criterio universal de diseño.

 

Una de las aplicaciones más directas de la ergonomía es la de la silla de trabajo, un elemento decisivo en nuestro confort diario, determinante en nuestra salud y en nuestro rendimiento. Sería bueno resumir algunos criterios básicos para conocer cuáles deben ser las características de una silla ergonómica y qué requisitos debemos comprobar en ellas (y, por extensión, en un puesto de trabajo):

 

La cabeza y el cuello deben quedar rectos, con los hombros relajados. Los reposacabezas o los respaldos altos permiten una relajación de esta zona, aunque no sea constante, muy aconsejable. La línea de los hombros debe ser paralela al plano frontal, sin torsión del tronco. Los respaldos óptimos deben tener una anchura entre 40 y 45 cm.

 

Los antebrazos y los brazos deben formar un ángulo recto en los codos, o ligeramente superior (máximo 110º). Esta postura se facilita con la presencia de apoyabrazos en las sillas, aunque no se aconsejan para puestos de trabajo que exigen mucha movilidad.

 

Los codos deben quedar lo más pegados posible al cuerpo, lo que facilita el mejor ángulo de los brazos y la mejor postura de la espalda. Ésta y la cadera deben formar un ángulo lo más cercano posible a los 90º. La regulación lumbar y del asiento deben permitir la adaptación en cada caso a esta posición.

 

Los pies deben estar siempre apoyados en el suelo, o sobre un reposapiés bajo (no más alto de 5 cm, preferiblemente con una inclinación de unos 10º), y que no deslice. Los manuales aconsejan que las sillas dispongan de 5 puntos de apoyo en el suelo, preferiblemente con ruedas, pero la silla no debe deslizarse involuntariamente.

 

Las rodillas deben quedar algo separadas del asiento, sin tocar al mismo, ni separarse en exceso. Su postura debe ser relajada y debe disfrutar de libertad de movimientos. Debe disponerse de al menos 70 cm de ancho libre bajo la mesa para la libertad de movimiento de las piernas. El ángulo entre el muslo y la pierna debe acercarse al ángulo recto en la rodilla, o superarlo ligeramente.

 

El asiento debe poder ajustarse entre 38 y 50 cm de altura, debe tener entre 40 y 45 cm de ancho, y una profundidad de entre 38 y 42 cm. Debe ser acolchado y forrado con tela o material flexible, y, sobretodo, transpirable. Debe tener bordes redondeados.

 

En caso de trabajo con ordenadores, la cabeza debe quedar paralela a la pantalla cuando se mire a la misma, y la mirada debe ser ligeramente descendente, lo que evita forzar los huesos y musculatura del cuello.

 

Tan importante como la silla, es la buena adecuación de la altura del plano de la mesa. El trabajo de precisión reclama alturas de 90 a 110 cm (hombres) y de 80 a 100cm (mujeres). El trabajo de lectura y escritura exige un altura de 74 a 78 cm (H) y de 70 a 74cm (M). En caso de trabajo simultáneo con textos y ordenadores, se aconseja el uso de atriles para disponer de un plano de trabajo lo más unitario posible.

 

Existen una corriente en el diseño de sillas de trabajo, conocida como sistema flip, muy difundida en los últimos años, en las que se propone un apoyo del tren inferior del cuerpo sobre las rodillas más que sobre los pies.

 

En todo caso, no debemos olvidar que la constitución de cada persona es distinta (no solo por sexos, sino también por edades e incluso entre nacionalidades), que los usos específicos también influyen en la elección de una silla, y que, en todo caso, resulta muy aconsejable probarla a conciencia, adaptarla a nuestra propia constitución y, en general, prestar la debida atención a nuestra postura en el trabajo. Y, sobre todo, acostumbrarnos a hacer ligeras pauses cortas y frecuentes en nuestras posturas más habituales.

 

La ergonomía del puesto de trabajo afectaría también a los niveles de iluminación, a los reflejos sobre pantallas y superficies de trabajo, la orientación respecto ventanas, las constantes de confort térmico y de humedad estacional, condiciones de confort acústico y ambiental,...y una larga lista de condiciones ergonómicas que los despachos de arquitectura e interiorismo aplican y conocen, aunque no se debería eludir la responsabilidad del usuario en su propia salud, comodidad y rendimiento.

 

¿Trabajas en una buena postura?

 

 

 

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