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Arquitectura bioclimatica basica Geotermia



 

Este tipo de fuente de energía  aprovecha la inercia térmica natural del subsuelo (que presenta una diferencia permanente con la temperatura en la superfície) para disipar temperatura en la central termo-frigorífica de un edificio. La instalación consta de unos serpentines (polietileno de alta resistencia), alojados en pozos verticales perforados profundamente en el terreno (con un sistema similar al pilotaje de las cimentaciones), y, como fluído, puede usarse agua (cuyas características se mejoran con aditivos especiales).
 
El edificio se refrigera en verano cediendo el calor excedente al subsuelo (a más baja temperatura), y se calienta extrayendo calor del terreno en invierno, bajo el control de una bomba geotérmica. Esta alternativa energética, limpia e inagotable, independiente de la climatología, tiene la ventaja añadida de quedar oculta a la vista y libera al edificio de espacios e instalaciones en cubiertas, fachadas u otros espacios, y es una instalación totalmente silenciosa. No necesita el uso de materiales tóxicos, no existen combustiones en el proceso, y supone una reducción más que relevante en emisiones de CO2. Ocupa espacios mínimos en zonas técnicas y se controla vía informática de manera integral. Es actualmente subvencionable por las administraciones, existe ya suficiente experiencia técnica en su uso, y tiene un coste de mantenimiento mínimo comprobado, aunque debe tenerse en cuenta el importe de la inversión inicial. 
 
Aunque existen adaptaciones de este sistema para edificios con demandas térmicas reducidas, la rentabilidad de la inversión inicial se amortiza holgadamente para edifcios con requerimientos suficientes; el equipo multidisciplinar de nuestro despacho profesional de arquitectura ha realizado predimensionados reales con este sistema para, por ejemplo, edificios docentes universitarios, en los que se ha podido constatar que una instalación geotérmica convencional puede responder a un servicio del 100% de la demanda de calor y de hasta un 60% en la demanda máxima de frío, aunque las características geológicas de cada emplazamiento influyen en los rendimientos finales. En las puntas de demanda, ésta se completa con un sistema convencional, que puede reducirse notablemente (en potencia, servidumbres y consumo), sobretodo en invierno.

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